Yaris Leidis, la niña de la Clínica de lo Social a la que el deporte le cambió la vida

Yaris Leidis Altamar Mattos//Redacción: Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Sergio Andrés Zuleta Tovar//Lugar: Colombiatón.

-No, baby. Tú no fuiste el primero que entró a la escuela de patinaje- le dice una niña, con voz gruesa y vocalización acentuada, a uno de los menores.

Es de tez morena y cejas gruesas. Viste una licra negra, suéter gris, tenis blancos y un cintillo ancho de color amarillo. Es Yaris Leidis Altamar Mattos, una niña de 12 años que hace parte de la escuela de patinaje de la Clínica de lo Social, el programa bandera de responsabilidad social que tiene el Colegio Mayor de Bolívar.

Estamos al sur de Cartagena, en Colombiatón, uno de los barrios más afectados por las pandillas, pero que tiene gente pujante y soñadora, como ella, que, pese a las adversidades, no se rinde.

En la esquina de la sede de la Clínica, en la manzana C, Yaris y otros niños comparten su experiencia de cómo ha impactado sus vidas y las de sus familias la intervención que este programa viene realizando en la comunidad, desde hace ocho años.

Con timidez, pasa al frente y dice: -La Clínica me ha ayudado a creer en mis sueños y hasta corregir cosas de mi forma de ser-

-Por ejemplo, ya no soy tan peleonera. Antes no podían ni verme, porque iba preguntando qué me veían y armaba conflicto- remata, llevándose la mano a la cara, en señal de pena.

Los demás niños ríen y dan su aprobación con la cabeza, al igual que las líderes que los acompañan.

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El sol, como siempre, no da tregua. 32 grados centígrados. Son las 11:53 de la mañana del viernes 22 de junio. La reunión, después de 15 minutos, termina… los niños y niñas deben irse a entrenar.

Abordo a Yaris, quien está en la tienda comprando mekatos. Me llama la atención su personalidad, es arrolladora y de carácter fuerte. La seguridad y espontaneidad con la que habla de la vida, pese a su corta edad, es asombrosa.

Camino a su casa, en la misma manzana, pero una calle después de la Clínica de lo Social, me dice entre carcajadas: -Anda, vamos para mi casa y está patas pa’ arriba’-

Yo sonrío y le digo: -Tranquila. Solo conversaremos-

En su cuadra pueden verse niños a pie descalzo pasearse por las calles, unos juegan bolitas de ‘uñita’ y otros montan bicicleta. Algunas madres aprovechan el inclemente sol y tienden la ropa en los techos de las casas, mientras que otras intentan tomar sombra sentadas debajo de los árboles.

Por fin llegamos a su casa. Es naranja con blanco. El primero en recibirnos es mateo, el perro de Yaris que yace amarrado en la terraza. Su padre, descamisado, ve tranquilamente televisión en la sala, pero al vernos entra de inmediato al cuarto a buscar una camiseta.

Ella, sin vacilar, saca una mecedora y una silla Rimax, y empieza a relatarme cómo entró a la Clínica de lo Social.

-Cuando yo entré empecé practicando fútbol. Luego me pasé para patinaje, que es una disciplina mucho más femenina. Ya tengo cuatro años de estar en la Clínica, que me ha ayudado mucho, me ha cambiado mucho la vida. He aprendido a leer más rápido, a mejorar mi ortografía, a socializarme más-

Su mensaje a los otros niños y jóvenes es contundente: -A los que aún no se han vinculado, les digo que no desaprovechen la oportunidad de pertenecer a la Clínica de lo Social, aquí nos ayudan mucho a crecer como personas y descubrir nuestros talentos-

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El calor es asfixiante. La sudoración está a flor de piel. No hay señales de que menguará la temperatura. En la escena aparecen dos amigas de Yaris quienes, inquietas por esta entrevista, se sientan en el muro de la terraza a escuchar todo lo que le pregunto.

Ella, limpiándose el sudor casi que cada tres minutos y con una bolsa de papitas y una coca cola en la mano, sigue contándome.

-La Clínica me ha ayudado a acercarme más a mis sueños. Mis papás siempre me han apoyado para que yo salga adelante. En mis tiempos libres estuviera sin hacer nada. Antes no había planes, no había proyectos, ahora patino y me gusta mucho más que el fútbol. Sé que con este deporte puedo triunfar-

Sin asomo alguno de inseguridad, conociéndose de lo que es capaz, expresa lo que quiere en la vida.

-Sueño con ser una gran patinadora, tener mi apartamento y sacar a mi mamá adelante; a ella me la llevo a donde sea, sin ella no soy nadie. Sé que muchos niños, también, pueden lograr lo que anhelan. La Clínica ha impactado positivamente y ha ayudado a muchos de ellos que andaban en mal camino-

-Los sueños sí se hacen realidad, si se lucha por ellos. Los sueños sí se cumplen, y esto es prueba de ello- concluye Yaris Leidis.

Terminamos nuestra charla y me despido, ella debe alistarse para ir a entrenar. Tiene claro que solo con disciplina y perseverancia se cumplen las metas.

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Como ella, que cursa séptimo grado en la Corporación Educativa Nazareno, ubicada en su mismo barrio, Colombiatón, más de 300 niños construyen sus sueños con el apoyo de la Clínica de lo Social.

Unos empiezan a tejerlos desde el fútbol y otros desde el patinaje, la música, el arte y la pedagogía.

Ahora, esos menores de Bicentenario, Flor del Campo, Colombiatón, Villas de Aranjuez, La India y Portal de la Cordialidad, mantienen viva la esperanza de que todo puede ser mejor y de que si se es capaz de soñar, también se es capaz de convertir esos sueños en realidad.

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