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Cassiani, el estudiante de Nelson Mandela que ganó la beca Martín Luther King

Luis Andrés Cassiani Herazo//Redacción: Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Sergio Zuleta Tovar.

Bien decía el poeta y novelista francés Jean Cocteau que “la riqueza es una actitud innata de la mente, como la pobreza”. Y no es descabellado pensarlo. Tampoco es vaga la pregunta sobre qué mueve a una persona con pocas oportunidades a lograr lo que anhela.

La respuesta se resume en una sola palabra: sueños…esos por los que se lucha con disciplina y perseverancia. Y no hay mejores calificativos para definir a Luis Andrés Cassiani Herazo, un estudiante cartagenero -de 20 años- que nació en uno de los barrios más marginales de la zona suroriental de Cartagena y donde se concentra un gran cordón de pobreza de la ciudad.

Allí, en esa comunidad, también, una de las más grandes de La Heroica, nació este joven afrodescendiente, a quien la pobreza en varias oportunidades amenazó con derrumbarle la esperanza de un futuro mejor, pero su constancia y entrega rompieron los paradigmas.

La cartilla de inglés

A los 10 años, cuando a muchos niños les seduce la mente los juegos y los carros, Cassiani tenía una exótica fascinación por el inglés. Aprender ese idioma se había convertido en su obsesión.

“Desde muy pequeño tenía afinidad con los idiomas. Cuando tenía 10 años mi madre me regaló una cartilla de inglés, de esas que valían 1.000 pesos y que vendían en los buses. No tener el dinero para pagar un curso de inglés me frustraba, así que ese fue el regalo de cumpleaños que me dio mi mamá. Fue lo mejor que recibí, así fue aprendiendo autodidácticamente el inglés”, relata con una sonrisa de satisfacción, mientras el equipo de Comunicaciones del Mayor conversamos con él en el segundo piso de la institución, casi que a las afueras de la Oficina de Relaciones Internacionales (ORI).

A su llegada al Mayor, en 2015, siendo un primíparo en el programa de Tecnología en Turismo e Idiomas, fue perfeccionando la técnica. Hoy, egresado hace cuatro meses, no solo habla el inglés fluido, sino que también se comunica en francés, como si fuera su lengua innata.

“La institución me ha permitido ser bilingue, desempeñarme y foguearme, no solo aquí sino afuera. Estudiar aquí me ha llevado a otros campos, me ha dado a conocer, a exponer temas sobre la identidad de la cultura afro. Eso me apasiona muchísimo”, recalca.

Experiencias fuera del país

Su excelente desempeño en el salón de clases y como pasante en ORI, se reflejaron en sus notas académicas y lo llevaron a ganarse el respeto de toda la comunidad estudiantil. Su nombre no pasa desapercibido, y es precisamente esa entereza y la pasión que le imprime a cada cosa que hace, lo que le ha permitido tener dos experiencias académicas fuera del país.

“Mi primer viaje fue un intercambio académico de dos meses en una escuela de Toluca (México), donde enseñaba inglés. El segundo viaje, fue con la Ruta de Investigación para la Paz, que se realizó en Ciudad de Panamá (Panamá). Allá manejé un proyecto de investigación que incluía a víctimas del conflicto armado afrodescendiente”, explica.

Sueño cumplido: Beca Martín Luther

Aunque a Casianni, como le dicen por cariño, las necesidades y la escasez de dinero le hacían burla en sus narices, ese extravagante deseo de jugársela por triunfar pudo más.

Su batalla contra la adversidad era tan intensa, que el ímpetu de ser alguien en la vida tomó la delantera y el cambiar las fiestas por los libros, terminaron -en 2017- dando fruto…se ganó la beca Martín Luther King Jr, auspiciada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Colombo Americano y la embajada de ese país.

“Me la gané gracias a la ORI, a la profesora Sandra Osorio y a una conocida que se llama Airlin Pérez, ellas me apoyaron mucho. Ganarme esta beca era un sueño que yo tenía. Cuando entré al Mayor veía que mis compañeros se postulaban y ganaban, y yo también quería hacerlo. Hoy Somos 21 becados de varias instituciones de educación superior, a quienes nos dieron la oportunidad de realizar un curso de inglés y un curso de liderazgo”, sostiene de pie y cruzado de piernas, recostado al balcón del segundo piso.

Funcionario y nuevamente estudiante

Su impecable historial académico lo tienen hoy siendo uno de los nuevos docentes ocasionales y el auxiliar de cooperación de paz de la Oficina para la Paz, del Colegio Mayor de Bolívar.

Se pica por enseñar inglés a los jóvenes, por transmitir esos conocimientos que adquirió estudiando 21 niveles de inglés en el Colombo, los vecinos de la institución.

El amor que este joven, de padres palenqueros, le tiene a la educación es inexorable. Ahora no solo es un docente del Mayor, sino que sigue llenando la vasija del saber estudiando el programa de Administración Turística.

“Hay que soñar”

Sin titubear dice que los jóvenes debemos soñar más y ser perseverantes.

“La vida siempre va a tratar de tumbarte, de golpearte, pero es tu decisión, eres tú quien persigue tus sueños. Lo que quiero es que los estudiantes se atrevan a soñar y entiendan que el desempeño académico sí es importante, porque en la universidad es donde aprendemos todas las cosas que aplicaremos en la vida, donde nos trazamos muchas más metas”, señala.

Y con una necesidad casi que apremiante, exclama: “La vida hay que verla metafóricamente, no es algo literal que hay que vivir. Es meramente compromiso, dedicación y mucha constancia”.

Luis Cassiani es el mejor ejemplo que ni el color de piel en una sociedad tan racista como la nuestra, ni las pocas oportunidades, ni las voces en contra, son impedimento para forjar un espíritu emprendedor que quiera comerse el mundo, pues no hay fuerza motriz más poderosa que la voluntad.

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Yaris Leidis, la niña de la Clínica de lo Social a la que el deporte le cambió la vida

Yaris Leidis Altamar Mattos//Redacción: Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Sergio Andrés Zuleta Tovar//Lugar: Colombiatón.

-No, baby. Tú no fuiste el primero que entró a la escuela de patinaje- le dice una niña, con voz gruesa y vocalización acentuada, a uno de los menores.

Es de tez morena y cejas gruesas. Viste una licra negra, suéter gris, tenis blancos y un cintillo ancho de color amarillo. Es Yaris Leidis Altamar Mattos, una niña de 12 años que hace parte de la escuela de patinaje de la Clínica de lo Social, el programa bandera de responsabilidad social que tiene el Colegio Mayor de Bolívar.

Estamos al sur de Cartagena, en Colombiatón, uno de los barrios más afectados por las pandillas, pero que tiene gente pujante y soñadora, como ella, que, pese a las adversidades, no se rinde.

En la esquina de la sede de la Clínica, en la manzana C, Yaris y otros niños comparten su experiencia de cómo ha impactado sus vidas y las de sus familias la intervención que este programa viene realizando en la comunidad, desde hace ocho años.

Con timidez, pasa al frente y dice: -La Clínica me ha ayudado a creer en mis sueños y hasta corregir cosas de mi forma de ser-

-Por ejemplo, ya no soy tan peleonera. Antes no podían ni verme, porque iba preguntando qué me veían y armaba conflicto- remata, llevándose la mano a la cara, en señal de pena.

Los demás niños ríen y dan su aprobación con la cabeza, al igual que las líderes que los acompañan.

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El sol, como siempre, no da tregua. 32 grados centígrados. Son las 11:53 de la mañana del viernes 22 de junio. La reunión, después de 15 minutos, termina… los niños y niñas deben irse a entrenar.

Abordo a Yaris, quien está en la tienda comprando mekatos. Me llama la atención su personalidad, es arrolladora y de carácter fuerte. La seguridad y espontaneidad con la que habla de la vida, pese a su corta edad, es asombrosa.

Camino a su casa, en la misma manzana, pero una calle después de la Clínica de lo Social, me dice entre carcajadas: -Anda, vamos para mi casa y está patas pa’ arriba’-

Yo sonrío y le digo: -Tranquila. Solo conversaremos-

En su cuadra pueden verse niños a pie descalzo pasearse por las calles, unos juegan bolitas de ‘uñita’ y otros montan bicicleta. Algunas madres aprovechan el inclemente sol y tienden la ropa en los techos de las casas, mientras que otras intentan tomar sombra sentadas debajo de los árboles.

Por fin llegamos a su casa. Es naranja con blanco. El primero en recibirnos es mateo, el perro de Yaris que yace amarrado en la terraza. Su padre, descamisado, ve tranquilamente televisión en la sala, pero al vernos entra de inmediato al cuarto a buscar una camiseta.

Ella, sin vacilar, saca una mecedora y una silla Rimax, y empieza a relatarme cómo entró a la Clínica de lo Social.

-Cuando yo entré empecé practicando fútbol. Luego me pasé para patinaje, que es una disciplina mucho más femenina. Ya tengo cuatro años de estar en la Clínica, que me ha ayudado mucho, me ha cambiado mucho la vida. He aprendido a leer más rápido, a mejorar mi ortografía, a socializarme más-

Su mensaje a los otros niños y jóvenes es contundente: -A los que aún no se han vinculado, les digo que no desaprovechen la oportunidad de pertenecer a la Clínica de lo Social, aquí nos ayudan mucho a crecer como personas y descubrir nuestros talentos-

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El calor es asfixiante. La sudoración está a flor de piel. No hay señales de que menguará la temperatura. En la escena aparecen dos amigas de Yaris quienes, inquietas por esta entrevista, se sientan en el muro de la terraza a escuchar todo lo que le pregunto.

Ella, limpiándose el sudor casi que cada tres minutos y con una bolsa de papitas y una coca cola en la mano, sigue contándome.

-La Clínica me ha ayudado a acercarme más a mis sueños. Mis papás siempre me han apoyado para que yo salga adelante. En mis tiempos libres estuviera sin hacer nada. Antes no había planes, no había proyectos, ahora patino y me gusta mucho más que el fútbol. Sé que con este deporte puedo triunfar-

Sin asomo alguno de inseguridad, conociéndose de lo que es capaz, expresa lo que quiere en la vida.

-Sueño con ser una gran patinadora, tener mi apartamento y sacar a mi mamá adelante; a ella me la llevo a donde sea, sin ella no soy nadie. Sé que muchos niños, también, pueden lograr lo que anhelan. La Clínica ha impactado positivamente y ha ayudado a muchos de ellos que andaban en mal camino-

-Los sueños sí se hacen realidad, si se lucha por ellos. Los sueños sí se cumplen, y esto es prueba de ello- concluye Yaris Leidis.

Terminamos nuestra charla y me despido, ella debe alistarse para ir a entrenar. Tiene claro que solo con disciplina y perseverancia se cumplen las metas.

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Como ella, que cursa séptimo grado en la Corporación Educativa Nazareno, ubicada en su mismo barrio, Colombiatón, más de 300 niños construyen sus sueños con el apoyo de la Clínica de lo Social.

Unos empiezan a tejerlos desde el fútbol y otros desde el patinaje, la música, el arte y la pedagogía.

Ahora, esos menores de Bicentenario, Flor del Campo, Colombiatón, Villas de Aranjuez, La India y Portal de la Cordialidad, mantienen viva la esperanza de que todo puede ser mejor y de que si se es capaz de soñar, también se es capaz de convertir esos sueños en realidad.

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