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Pompilio y Brunildo, los gatos que se niegan a abandonar el Colegio Mayor de Bolívar

Brunildo “Brunis”. Redacción: Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Sergio Andrés Zuleta Tovar.

-Te vas a volver famoso, mi amor- le dice, efusivamente, una mujer a ‘Brunis’, uno de los gatos que habitan en el Colegio Mayor de Bolívar.

Se trata de Ana Cecilia Puello, la directora de Bienestar Universitario, que siempre ha velado porque ellos estén en buenas condiciones.

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Es la 1 de la tarde del jueves 15 de marzo. El sol está en su punto, la brisa casi ni se siente. Luego de haber hecho un recorrido por el patio y buscar a los gatos hasta debajo de los carros y en los alrededores de la cafetería, por fin hallo a uno de ellos, aquí en Bienestar.

Es Brunildo o ‘Brunis’, como cariñosamente le llaman. Yace acostado en una de las sillas de la oficina, es un miembro más de esta dependencia. Con una de sus patas en la cara, duerme plácidamente, sin la más mínima intención de levantarse.

Ni las carcajadas, los comentarios en voz alta, ni siquiera el ruido de una perforadora que usa María “Mayo” Carranza, la secretaria que se sienta justo a su lado, logran despertarlo.

Solo los mimos de la señora Cecilia, a quién todos consideran su dueña, hacen que él, de pelaje gris con blanco, abra los ojos.

-¡Él es el bello durmiente de aquí de  la oficina!- me comenta con una sonrisa.

‘Brunis’ se estira, ronronea, muestra los colmillos y se deja acariciar. Entonces, ella comienza a contarme cómo él y su amigo ‘Pompilio’ llegaron a este lugar.

-En 2016 apareció aquí una gata que estaba preñada y que terminó pariendo en unas de las ventanas del segundo piso. Logré que adoptaran a sus gaticos y traje a un veterinario para que la estilirizaran. Como a los cuatro meses, Pompilio ‘Pompi’, empezó a visitarnos. Tiempo después vino ‘Brunildo’, y los dos terminaron quedándose. Creemos que ellos venían desde que la gata estaba acá-

Henry, el director de Cultura, quien también se encuentra en el lugar, recuerda que él fue una de las personas que le dio un hogar y alimento a uno de esos pequeños. Entonces asiente y sonríe.

Enseguida, mientras perfora unas hojas que tiene listas para meter en un folder, interviene “Mayo”:

-A ellos los iban a ‘extraditar’ a un restaurante en La Boquilla. ¡Pobres gatos!, se les iba a caer el pelo, iban a comer puras espinas de pesca’o. Pero se escaparon, así que no se los pudieron llevar- señala como satisfecha de que ‘Pompi’ y ‘Brunis’ aún deambulen en el Mayor.

‘Brunis’ mira fijamente a la señora Cecilia, como atento a la historia, como si le gustara escucharla una y otra vez.

De repente ella dice: -Él pasa aquí en la oficina. Le encanta estar acá. ‘Pompi’ también viene mucho. Llega, se sube al escritorio y tiene que coger algo o tumbarme algo, como diciendo:’aquí estoy’. Siempre se hace sentir, aunque le gusta más pasar debajo de los carros. En cambio, ‘Brunis sí se la pasa acá todo el día-

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Y es que el encanto de Brunildo de estar todo el tiempo en la oficina de Bienestar, tiene una historia. No le fue bien con un humano.

-Nos dijeron que un día un muchacho del programa de Delineante le pegó con el empaque donde se guardan los planos. Eso le produjo una inflamación en los órganos y tuvimos que llamar al veterinario. Después le dieron una patada y le quedó su patica lastimada. Por eso creemos que él pasa aquí- añadió la directora de Bienestar.

Pese a ese triste episodio, tanto él como Pompilio se niegan a abandonar la institución. En varias ocasiones- cuentan los vigilantes- han intentado llevárselos a otro lugar, pero todo ha sido en vano, se escapan de las cajas de cartón para nuevamente refugiarse en los rincones del Mayor de Bolívar.

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2 de la tarde. Ya casi culmina la hora del almuerzo. Todos en el Centro de Bienestar Universitario, se preparan para presentar un informe ante los pares académicos que, desde el miércoles 14 de marzo, evalúan si renuevan la acreditación de alta calidad del programa de Tecnología en Promoción Social.

‘Brunis’, aunque ya despierto, permanece acostado en su silla, en aquellas típicas de oficina, esas que son reclinables y de color azul. Se ve cómodo, con pereza. Parece que nada le importa y pasará allí toda la tarde, hasta que culmine la jornada laboral.

Tal vez vuelva a dormir. Y no es para menos, estudios afirman que los gatos duermen entre 16 y 18 horas al día, sin dejar de estar alertas.

Entre risas, por su inexorable frescura y comodidad, salgo de la oficina y, afuera, justo a la entrada, veo un pequeño plato en el piso. Es el de ellos, donde la señora Cecilia les mantiene agua y concentrado. Todos en el Mayor de Bolívar saben a quiénes pertenece. Hay días en que se puede escuchar: “michu, miz, miz”… Son los estudiantes que los llaman para darles comida.

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Hago otro recorrido buscando a ‘Pompi’, pero no lo encuentro. Me dicen que es el más gordo de los dos gatos. Algunos lo apodan ‘Garfield’, porque “se toma toda la colada”, y así sí que es fácil de detectarlo.

Comienzo a buscarlo debajo de los carros que están en el patio, pero no aparece. En ese intento de hallarlo, me encuentro con Giovanni, el director de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), quien me ayuda en la tarea.

Lo buscamos hasta en varios salones y en el pasillo de la oficina de Financiera, pero es en vano, no hay rastros de él.

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Quizá, con lo juguetón que dicen que es, debe estar embelesado con algún objeto que se encontró a su paso o, a lo mejor, debe estar recargando -fundido en sueño- algunas de las siete vidas que aún tiene intactas.

Sea como fuere, él y ‘Brunis’ se han ganado un espacio en este plantel educativo y, por supuesto, en el corazón de docentes, estudiantes, administrativos, vigilantes y demás empleados.

Ellos siempre serán las mascotas del Colegio Mayor de Bolívar, aquellas que, por más intentos que hagan, se niegan a abandonar este recinto, yendo en contra de su propia naturaleza. El amor y la atención que reciben en la institución han hecho que permanezcan fiel a ella. Así las cosas, hay vida gatuna pa’ rato.

Pompilio durmiendo debajo de uno de los carros que se estacionan en el patio de la institución. Apareció horas después de hacer el trabajo de campo para escribir esta crónica.
‘Brunis’ haciendo lo que más le gusta: dormir.

 

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