‘Rochy’, la guerrera que se despide del Mayor de Bolívar

Rosario ‘Rochy’ Madrid Troconis//Redacción: Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Sergio Andrés Zuleta Tovar.

Dicen que ningún adiós duele tanto como como el que expresas cuando no te quieres ir. Esa misma nostalgia que impregnan estas letras, se siente en la oficina de Talento Humano, y es por ‘Rochy’, como cariñosamente le llaman, quien, a partir de mañana, jueves 30 de agosto, ya no estará más en la institución. Después de cosechar durante 26 años, recogerá el fruto de su trabajo: su pensión.

Son las 9:15 de la mañana de este caluroso martes, 28 de agosto. Al llegar a la oficina de Rosario Madrid Troconis se siente en el ambiente que algo pasará. Me siento con ella a dialogar, y al decirle que la voy a entrevistar, se asombra y pregunta: -¿Me harás una crónica a mí?- Inmediatamente sonrío y le respondo: -Sí, a usted-. Ella también sonríe y se pone cómoda, dispuesta a contestar lo que desee preguntarle.

Mis primeros e ineludibles interrogantes, le quiebran la voz. -¿Qué es lo que más va a extrañar? ¿no le causa nostalgia irse?- El sollozo y las lágrimas hablan por ella, casi no puede pronunciar palabra. Todo queda en silencio. Yo, conmovida con la escena y ya con los ojos “encharcados”, como decimos en la Costa, le digo: -Ay no, me va a hacer llorar a mí también…- Trato de seguir la conversación: -Señora Rochy, pero ya va a descansar después de tantos años de trabajo y esfuerzo-

Sonríe, trata de tomar aire, se quita los lentes de aumento y entre sollozos, mientras tiene una regla en la mano, me dice: -Te confieso que creí que este momento no llegaría, porque cuando tú llegas a una empresa no piensas en irte. Se me pasó muy rápido el tiempo, voy a extrañar mucho a la institución. Aquí me eduqué y trabajé muchos años-

Su historia en el Mayor de Bolívar

Y no es para menos. Aquí en este claustro se resume parte de su vida. El capítulo de esta historia se inició en el año 1986, cuando apenas teniendo 22 años e ingresó al Mayor de Bolívar a estudiar Tecnología en Administración de Oficinas Bilingües y, ya graduada, en el año 1994, pasó a ser una funcionaria.

-Entré como secretaria y, al cabo de un tiempo, me ascendieron a auxiliar técnico, luego pasé a Pagaduría, después me trasladaron para acá, para Talento Humano, y hasta el sol de hoy- me cuenta con un brillo en sus ojos.  

Me volteo a mirar a Sandra Simancas, quien se ubica justo diagonal al puesto de trabajo de la señora ‘Rochy’. Está atendiendo a una joven, pero aprovecho para preguntarle: – ¿la van a extrañar o no? Tienen que consentirla porque ya se va mañana-

Ella, al instante, recalca: -Por supuesto que la vamos a extrañar. La estamos consintiendo, como siempre lo hemos hecho- … una voz femenina interrumpe y, en tono irónico, exclama: “No, a ella no la vamos a extrañar, ni siquiera nos va a hacer falta, porque es que ella no se va”. Se refiere a que pese a que una de sus ‘pupilas’no estará de cuerpo, su esencia queda.

Es María Eugenia Agámez, la coordinadora de Talento Humano, quien viene entrando a la oficina. ‘Rochy’ se ríe y responde: -Yo sé que me van a extrañar, aunque digan lo contrario-

El ambiente se torna afable, y esa mujer trigueña, de cabello castaño y estatura mediana, continúa contándome su historia.

Su lucha contra el cáncer

-Desafortunadamente hace nueve años tuve cáncer de ovarios y, desde ahí, las cosas no se dieron como debían darse. Me operaron, pero recaí en el 2016 y me vi obligada a guardar reposo durante 15 meses. Me reintegré hace algún tiempo, y ahora me voy por mi estado de salud, porque en junio de ese mismo año me detectaron una metástasis y tengo que hacerme quimioterapias cada mes-.

Las lágrimas quieren, nuevamente, aflorar en sus ojos. Así que le digo que hablemos de cosas más amables y, sin vacilar, señala con voz entrecortada: -Siento un poco de tristeza, pero a la vez algo de emoción. No sabría describirlo. Hace poco contaba los días para irme, pero cuando está llegando la ho…- se le atraviesa un nudo en la garganta y guarda silencio.

Se repone y sigue relatándome: -Cuando llega la hora es duro (…) Aunque mucha gente hable mal de la institución, aquí se trabaja muy bien, se siente el cariño, el compañerismo, sobre todo aquí en Talento Humano, donde he estado por mucho tiempo. El Mayor ha sido una experiencia muy bonita en mi vida, me enseñó a ser más responsable, a tener más sentido de pertenencia, me voy tranquila. La amistad seguirá y se fortalecerá- concluye secándose las lágrimas.

A descansar, pero sin dejar de luchar

Su mayor legado es haber hecho las cosas con amor y como deben ser. Dice que esa es la clave para tener éxito en la vida. Empieza un nuevo capítulo en el libro de su vida; ya no tendrá que preparar informes para la Contraloría, ni revisar la nómina.

Ahora, a sus 58 años, su mayor reto será enfrentar las ‘quimio’ con berraquera, pujanza y tenacidad, esas mismas virtudes que han hecho que se gane la admiración de todos en el Mayor de Bolívar, institución que, a donde quiera que vaya, siempre pero siempre será su casa.

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