La brisa, el acompañante silencioso que estuvo presente en la cena de graduandos  

 

Fotografía: Sergio Zuleta Tovar//Redacción: Eleana Martelo Tirado.

En la cena que el Colegio Mayor de Bolívar realizó el pasado viernes, 23 de febrero, no solo los futuros graduandos fueron los protagonistas de la noche.

La brisa fue ese fiel acompañante silencioso, pero abrumador que obligó a más de uno a permanecer sentado.

Las mujeres con sus vestidos agarrados de punta y punta, todos los asistentes con las manos sobre la cabeza para evitar que se volaran los sombreros, los manteles de las mesas doblados y las sillas corridas hacia las esquinas, eran las escenas en el patio de la institución.

Y ni qué decir de los presentadores.  En cualquier parpadeo de ojos, el cabello se les venía al rostro y los papeles donde estaban escritos los libretos del evento eran insostenibles en las manos, como si el viento quisiera arrancárselos de un solo tirón.

Las corrientes de aire eran implacables. Ni siquiera permitieron que, con tranquilidad, el fotógrafo retratara los mejores momentos.

Pero no solo era la fuerza que cada ventarrón imprimía a su paso, sino el frío que los acompañaba.

No obstante, aunque este fue un factor perturbador, la noche fue una de la más especiales para nuestros futuros graduandos. Fue una noche de aquellas que ni el más fuerte de los vientos puede borrar de la memoria.

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