La misteriosa monja de la que todos hablan en el Mayor de Bolívar

Redacción:Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Ilustración.

-Ya nosotros nos vamos. ¿Te vas a quedar? No te quedes hasta tarde porque te ‘coge’ la monja- me dijo entre risas, en muchas ocasiones, la señora “Margui” Margarita del Castillo Yances, la coordinadora de Control Interno, quien comparte oficina con nosotros, el equipo de Comunicaciones.

Estaba recién llegada a la institución, a finales de noviembre del año pasado. Yo solo me reía a carcajadas y, aunque no entendía por qué se hablaba de esa mujer de los hábitos, aseguraba sin titubear:
-bueno, yo se la saludo-.

Al pasar los meses, seguía escuchando el cuento de la famosa monja. La idea de cosas paranormales empezaba a rondarme la cabeza.

Era tanta la curiosidad por saber esa historia que llegué a contemplar la idea de, cualquier día, hacer guardia de noche con uno de los vigilantes. Quería ver o sentir cosas que pudieran imprimirle más emoción a este relato. Finalmente desistí de la idea y empecé, como buena periodista, a investigar.

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Es la 1:30 p.m. del jueves, 17 de mayo. Bajo a portería, el calor es abrumador y la fuerte brisa parece haberse ido de vacaciones.

En el cubículo de madera, a la entrada del Mayor, está “Carri”, como cariñosamente le dicen a Judis Carrillo Vásquez, uno de los vigilantes, el más canoso de todos. Al verme sonríe, sabe que lo interrogaré sobre la monja. El tema de conversación ya me había inquietado, más de lo normal, hace unas tres semanas.

Emocionado, pero al mismo tiempo con la incertidumbre de ese día, “Carri” empieza a contarme que hace dos meses, tarde de la noche, alguien le tocó la camisa y, del miedo, no pudo hacer ronda en el segundo piso.

-Me agarraron la camisa por la espalda, como atajándome. Eran las doce, casi una de la mañana; yo estaba haciendo ronda, iba para el segundo piso, y cuando iba por el pasillo de financiera sentí que alguien me tocó. Se me erizó la piel y no pude subir, tomé agua, como para pasar el susto, y recorrí el primer piso del Mayor. No pude ver nada, solo sentí una presencia extraña- afirma.

Asegura que no solo ha sentido el ambiente “pesado”, como si alguien lo estuviera observando, sino que también, al igual que sus compañeros, escucha ruidos.

-Se escuchan silbidos, que ruedan las sillas, abren las ventanas o tocan fuerte los vidrios. Da nervios porque a esa hora es extraño, pero a uno le queda la duda, va a revisar y está todo normal. Son cosas difíciles de describir, pero uno las siente- sostiene.

Yo asiento con la cabeza y, al instante, se llena la portería. Le hago señas a Carrillo de que me voy y continuo en busca de más información.

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En el camino, a la entrada de los baños de mujeres, está “Julita”, una de las señoras que nos ayuda con el aseo en el Mayor. Está con Yadira, su compañera. Al preguntarle sobre esta tenebrosa historia, la mujer de tez negra, trenzas palenqueras y ojos grandes no vacila en reírse. Y me cuenta que un vigilante, hace años, vio varias veces a la misteriosa monja.

-Torres, el vigilante que estaba acá, dice que eran como las 12 de la noche cuando subió al tercer piso y la vio en la sala de Sistemas. Ella estaba sentada en un banquillo, él se extrañó porque a esa hora ya no había nadie trabajando. Entonces, bajó de una vez pensando que eran alucinaciones, y volvió a subir, pero ahí estaba y…-

De repente Yadira interrumpe y me dice: -seño, yo no la he visto, pero cuando la vea le aviso- comenta jocosamente.

-Yo tampoco la he visto- agrega Julita, y las dos sueltan la carcajada.

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Minutos después me encuentro a “Javi” Javier Serrano, miembro del equipo de Recursos Físicos. Está sentado en la banca que está al frente de la oficina de Financiera, en el mismo lugar donde a Carrillo le halaron la camisa hace un par de meses.

Me saluda y le pregunto qué sabe de la monja. Su respuesta es contundente: -Ah sí, aquí varios dicen que les ha sucedido cosas extrañas. Un vigilante cuenta que la vio en la sala de Sistemas. Dicen que también la han visto por el pasillo de los salones de Delineante – expresa, confirmándome lo que hace unos minutos me dijo Julita.

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En mi afán de saber más, sigo buscando a otras personas que me hablen del tema. El patio está repleto de estudiantes que están sentados en las mesas con paragüitas. Algunos esperan el cambio de clases, mientras que otros ya terminaron su jornada por hoy y aprovechan para charlar con sus amigos, jugar dominó o simplemente tomarse un refresco para calmar la sed que les produce este incesante calor.

La alta temperatura no da tregua, estamos a 29 grados. A pocos metros veo al sr Hernán Rivera Medina, de Servicios Generales, quién trabajó un año como vigilante en la institución. Ya me habían hablado de él, me dijeron que podía ayudarme a contar esta historia.

Lo abordo y al conocer mi intención de realizar esta crónica empieza a relatarme un caso que le ocurrió.

-Cuando la doctora Marcela era rectora, los cerrojos eran grandes y de hierro. Un día yo estaba haciendo ronda en el segundo piso, por el salón auxiliar, cuando escucho como si estuvieran abriendo la puerta del salón Marcela. Pensé que eran los rateros, agarré el revólver y me puse en posición de defensa, pero cuando fui a ver no había nadie, todo estaba normal, todo estaba cerrado- precisó.

Argumenta que a lo mejor era Monterrosa, un anciano vigilante que había trabajado aquí y que había muerto para esos días. -Quizás estaba recogiendo los pasos- añade.

Pero las historias siguen. Rafael Marrugo Manjarrez, otro empleado de Servicios Generales,  cuenta que una vez pintando los salones del primer piso le encendieron los abanicos.

-Estaba pintando los salones que están en frente del palito, terminé y apagué los abanicos. Cuando di la espalda los prendieron. Comencé a mirar para todos lados, pero no había nadie por ahí. Entonces, me fui y empecé a rezar- asevera.

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¿Y quién no ha rezado un padre nuestro o un ave maría a toda marcha? ¿quién no ha prometido a Dios infinidades de cosas para que lo saque de esas? Hasta ahora, a mí no me ha tocado, pero seguro a muchos les ha pasado. Otros ya estarán acostumbrados a estos casos, como la rectora Carmen Alvarado, quien lleva más de 20 años conviviendo con estos extraños entes.

-Lo que soy yo estoy absolutamente acostumbrada, eso no es lo que me va a espantar de la institución, eso no es lo que va a hacer que yo salga corriendo- manifiesta sin miedo alguno.

-Permanentemente, aquí en la oficina, escucho cuando ruedan las sillas en la oficina de arriba, la de Delineante de Arquitectura; es como cuando estás barriendo y ruedas los muebles. Un día me puse de acuerdo con el profesor Arnaldo, el coordinador de esa unidad, y apenas escuché pregunté que qué tanto rodaban, pero me dijo que en ese momento no había nadie en la oficina. Es real, se siente cuando abren, cierran cajones y ruedan las cosas (…) También, otro día saliendo tarde de la institución, a las 2 de la mañana, vi a un hombre alto, moreno, caminando por el pasillo de Delineante, estaba haciendo guardia. Pregunté al vigilante de turno y el único que estaba era él, el otro compañero entraba a las 6 de la mañana-

La rectora se ríe tranquilamente y exclama: “Lo que tengo son historias para contar… cuando escucho cosas en la oficina de arriba, ya solo les digo: ‘rueden bien y hagan bien el aseo, que quedé bien limpiecito- apunta con una sonrisa burlona.

Inmediatamente dice: -Son espíritus chocarreros con ganas de molestar- concluye.

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Estas palabras retumban en mi mente y me pregunto por qué siempre se ha dicho que en las edificaciones antiguas como claustros y casonas aparecen espantos o suceden cosas extrañas como esas. Siempre hay historias del más allá.

Como enviado por Dios, diviso a Jorge Alberto Sandoval Duque, arquitecto restaurador, historiador y también docente del Colegio Mayor de Bolívar, quien al enterarse de este escrito no ocultó su fascinación por el tema.

A las afueras del salón donde daría clases, ubicado al frente de cafetería, iniciamos nuestra conversación.

-En el Centro Histórico se desarrolló la vida colonial de Cartagena, hubo maltratos crueles y sacrificios, incluso en la iglesia. Son más de 400 años de historia con situaciones bastante escabrosas, y quizás esos entes están penando. Hay unas personas que tienen la capacidad de visualizarlos y otras de sentirlos- recalca.

-Pero, ¿por qué se habla de una monja y no de una niña, un hombre o cualquier otro personaje? – le pregunto.

Sandoval responde: -aquí sé que han visto a una monja y también a una señora, pero hay más personas, lo que pasa es que esas son las más conocidas. Inclusive, hay estudiantes que tienen esa capacidad y los ven como elementos naturales. Por ejemplo, al lado de nosotros puede estar alguien y no lo sabemos, no lo vemos-

Empiezo a mirar para todos lados y nadie nos observa, por lo menos nadie que yo pueda ver con mis ojos carnales. El ‘profe’ sonríe y continúa diciéndome: -A principios del siglo XX llegaron los padres lasallistas que venían de Francia, pero ellos no tenían monjas; quizás alguna estuvo de paso. Este era un colegio de varones, nunca fue un convento, como dicen (…) El Mayor se construyó uniendo cinco casas, que eran conocidas como accesorias. Eso fue en los años 1.700-

El arquitecto llama a una de las estudiantes para que ingrese al salón de clases. Inmediatamente recuerdo que él tiene un compromiso con los alumnos. Él también hace alusión a ello y me dice: -Este tema hay que hablarlo con más tiempo, pero ya sabes, mira a ver si las historias de todos los que la han visto concuerdan-

Se refiere a la monja. Me detengo a pensar en ella unos minutos y me la imagino con sus hábitos caminando por el Mayor, así como varios estudiantes aseguran que la han visto, incluso, la han oído llorar.

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¿Mitos? ¿leyendas? ¿una mala pasada del sueño? ¿de la mente? o ¿simplemente la realidad?…Sea como fuere, las instalaciones del Colegio Mayor de Bolívar guardan historia y magia.

Y es precisamente esa infraestructura colonial y esos hechos los que hacen atractiva a esta alma mater, que funciona hace 72 años.

Turistas, estudiantes, empleados y docentes no solo recorren cada uno de sus rincones, sino que siguen escribiendo capítulos nuevos en el libro de la educación, esa integral y de calidad que estamos empeñados en brindar.

Ver crónica de

POMPILIO Y BRUNILDO, LOS GATOS QUE SE NIEGAN A ABANDONAR EL COLEGIO MAYOR DE BOLÍVAR

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Estudiantes realizan foro Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social

Redacción: Sindy Fuentes // Fotografía: Sergio Zuleta.

Los estudiantes de sexto semestre de la profesionalización en Trabajo Social junto a la docente Bleydis Morillo realizaron el pasado 22 de mayo, EN EL en el salón de actos Rafael Núñez,  el foro de Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social. Esta actividad hace parte de la asignatura Calidad de Vida en Colombia y Política Pública.

Al evento que asistieron los egresados y estudiantes del programa de Promoción Social  se debatieron temas relacionados a la labor que hace el Trabajador Social en las comunidades desde el sector público, entre otros.

Este espacio contó con la participación de Alexander Pérez,  Trabajador Social de la universidad de Antioquia;  María Claudia Ramos, egresada del programa de Promoción Social y estudiante de octavo semestre de Trabajo Social y Gustavo Martínez Terán, Administrador Público.

Esta actividad se realizó en el marco del convenio de profesionalización suscrito entre el ColMayor  Bolívar y la Universidad Simón Bolívar, el cual permite que los estudiantes de la tecnología en Promoción Social puedan profesionalizarse en Trabajo Social.

Ver galería 

Foro de Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social.
Foro de Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social.
Foro de Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social.
Foro de Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social.
Foro de Políticas Públicas y su Incidencia en el Trabajo Social.

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Por esta razón se desmontó el mural que pintó la productora de la película de Will Smith

Mural pintado por Dynamo Producciones S.A//Redacción: Eleana Martelo Tirado//Fotografía: Sergio Zuleta Tovar.
Tras el descontento de varios estudiantes y la inquietud de algunos medios de comunicación por el desmonte del mural pintado para la grabación de la película Gemini Man, el Colegio Mayor de Bolívar se permite informar que:
 Luego de que Dynamo Producciones S.A, encargada del rodaje de dicha película, manifestara al Instituto de Patrimonio y Cultura (IPCC) y a la institución la intención de pintar un mural enmarcado dentro de la ambientación de la cinta, el Consejo Directivo teniendo el visto bueno de esta entidad aprobó el montaje de la obra de arte.
 El máximo organismo del Mayor de Bolívar aceptó la iniciativa con la condición de que una vez finalizaran las grabaciones la edificación volviera a su estado inicial, independientemente de la belleza del mural. Esto, atendiendo al compromiso que se tiene con la ciudad en la preservación del patrimonio, y teniendo en cuenta que el arte del mural no era acorde a la imagen institucional.
 Es preciso destacar que el alma mater, inicialmente, no estaba de acuerdo con la pintura del mural, por considerar que afectaba la fachada de la institución. No obstante, decidió apoyar las adecuaciones previstas debido a los beneficios que la película traería a Cartagena.
 Con el fin de que los estudiantes, docentes y empleados tuvieran un recuerdo del rodaje de este largometraje, el Colegio Mayor de Bolívar emprendió una campaña para que los interesados se tomaran fotos en el mural.
Para eso, pidió a la productora dejar la pintura por más días, pero la respuesta fue negativa pues el contrato que se tenía con la empresa que hizo el montaje era hasta el 19 de mayo y, ese día, la pared debía volver a su estado original. Sin embargo, solo hasta el pasado 21 de mayo la fachada fue recuperada.

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